martes, 24 de abril de 2018

IV Domingo de Pascua - Buen Pastor


IV Domingo de Pascua                                    Año B                                           Jn 10,11-18


La visión central de este domingo es el Buen Pastor que da su propia vida por las ovejas.  Literalmente es el pastor bello, porque el término kalòs ha sido reducido a bueno de acuerdo a la interpretación jurídico moral que ha sido la predominante muchas veces en la traducción de muchos términos bíblicos, Dificultad en este caso debida también a lo complejo de traducir el hebreo. El término kalòs, bello, está usado más de cien veces en el nuevo Testamento.
Pedro en su primera carta recomienda a los cristianos que su conducta entre los paganos sea bella, porque cuando son calumniados como malhechores, viendo sus bellas obras glorifiquen a Dios (Cfr. 1Pe 2,12).  Esta conducta bella con las obras bellas es literalmente el testimonio, que es el mismo término usado por Pablo en la carta a Timoteo cuando dice que Jesucristo “dio su bello testimonio delante de Poncio Pilato (1 Tim 6,13). De hecho, delante de Pilato Cristo dio testimonio de la verdad (Cfr. Jn 18,37). Qué cosa sea la verdad (Cfr. Jn 18,38) es la pregunta de Pilato que no puede entender, por qué la verdad –como La explica el Evangelio de Juan- es la filiación del Hijo, es la relación con el Padre, la ausencia de soledad. “Yo no he hablado por mí mismo, sino el Padre que me ha enviado me ha dicho lo que tenía que decir y pronunciar” (Jn 12,49). Por esto “El que es de la verdad escucha mi voz” (Jn 18,37)
En la parábola del sembrador todo se vuelve a unir porque para hablar de la tierra donde cae la semilla (Cfr. Mc 4,8 por ejemplo) se usa el término terreno bello, o sea el terreno que “escucha la palabra, la acoge y da mucho fruto” (Cfr. Mc 4,20)- se convierte en terreno bello porque ya no es sólo terreno sino que adentro lleva otra realidad.
Esto es lo que es bello: escuchar la palabra, acogerla y hacerla fructificar.  Lleva mucho fruto el grano de trigo que ha caído en la tierra y que muere (Cfr. Jn 12,24).
El significado de la palabra bello que se abre aquí deja un espacio enorme a la libertad del amor porque significa acoger el principio de la Palabra que es el Hijo y que comienza en mí una transfiguración que me lleva a la ofrenda de mí. De hecho el Pastor, el que es bello, es el que hace ver al hombre habitado por Dios, o sea como ofrenda de sí mismo. “Yo soy el pastor bello y el pastor bello ofrece la vida por sus ovejas” (Jn 10,11) La belleza, lo bello es algo dinámico, es un proceso de transfiguración que pasa a través de la renuncia, a través de la ofrenda de sí y es bello porque hace ver en la semilla el brote, a través de la muerte.  El Hijo no está solo, revelará a Otro.  Y lo hará justamente en la muerte.  Esta es la belleza.
El término kalòs en el Nuevo Testamento incluye el misterio pascual.  Y es por esto que en el tiempo pascual está el domingo del Buen Pastor.  Aquel que hace ver la vida pascual de la humanidad, como Hijo y por lo tanto es el Pastor Bello.  La Belleza es hacer ver el otro, hacer surgir el otro, no agotar una realidad en sí misma sino a través de la relación de amor hacer surgir el otro, y esto se da cuando tú te ofreces, renuncias, mueres.
Es por esto que si nos quedamos en la traducción de bueno en lugar de bello, termina siendo lo bello un ideal paralelo a bueno.  Esto es lo que de hecho ha sucedido y ha realizado una profunda herida en nuestra cultura haciéndonos creer que lo bello pueda existir como paralelo a una vida vivida con ideales totalmente opuestos. Pero no existe un bello ideal que pueda convivir con la noche de la soledad, de la muerte, cuando no ves todavía ningún brote pero la semilla ya está deshecha, que es el momento más difícil de la vida espiritual. Pero al Pastor Bello –Aquel que es la ofrende continua de sí mismo al Padre- tú siempre podrás mirar: cuando estás en la plenitud de tus fuerzas, cuando estás enfermo, cuando estás en manos de la muerte, siempre.  Porque es un paso y en todos los pasos encontrarás la forma perfecta, la fuerza perfecta, el ámbito perfecto. Ya sea en la semilla, en el morir, en la soledad, o ya sea en el brote.
Bello es el hombre que vive esta nueva existencia que Dios nos ha traído en Cristo para la nueva humanidad y que a través de la muerte, a través de los momentos más difíciles de la propia vida revela la fuerza de la vida que ha recibido, que es el amor del Padre.
Cuando todos los ideales clásicos caen, cuando el hombre vive destruido, arrodillado y aplastado, es en ese momento que aparece, se expande y desarrolla la fuerza más grande.  Desde Cristo muerto ha brotado la glorificación del Padre y este es en verdad su testimonio bello delante de Pilato. (Cfr. 1 Tim 6,13)
P. Marko Ivan Rupnik




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