viernes, 13 de julio de 2018

XV Domingo del Tiempo Ordinario


XV Domingo del Tiempo Ordinario - Año B                Mc 6,7-13


 
La misión como se presenta en este Capítulo 6 de Marcos tiene tales diferencias respecto a la misión del Capítulo 3 que hace pensar a muchos exégetas que algo no ha ido bien, los apóstoles enviados hicieron un gran esfuerzo para comprender en qué consistía esta misión.  La mayor dificultad para los apóstoles fue, ciertamente, abrazar el alcance universal del mensaje mesiánico de Cristo.

Esta vez Cristo no dice ni de ir a predicar, ni de arrojar demonios, ni siquiera de sanar a los enfermos.  Ellos, de todos modos, van a realizar lo que se les había dicho la primera vez.  La cuestión está en el modo de hacer la misión, en este capítulo en realidad Cristo pone el acento sólo sobre el cómo ir en misión.
Llama a los Doce y después los manda.  Este “llamarlos” no quiere decir llamarlos físicamente cerca de Él, ya estaban en camino con Él.  Se trata de esa cercanía a Cristo donde podían ver y dejarse involucrar en ese modo en el cual Él ha llevado adelante la misión: ¡cuántas veces Cristo ha hecho explícito que Él es mandado por el Padre y que cumple lo que ve y oye del Padre!   Por lo tanto, se trata de llevar adelante la misión al modo de Cristo.  Ser llamados a la comunión con su Hijo (Cfr. 1 Cor 1,9).  Comienza a enviarlos y “les daba”, no “ha dado” sino “les daba” la autoridad, el poder sobre los espíritus impuros, esto no significa necesariamente que los tengan que arrojar porque la palabra usada (exousia) es la autoridad o la fuerza por la cual es espíritu impuro ya no puede tener influjo sobre ti, sino que eres tú que tienes un influjo sobre él. Les daba autoridad, por lo tanto, tenían que permanecer con Él.  A Él el Padre ha dado todo poder (Cfr. Mt 28,18).  Él los ha llamado, por lo tanto, los ha involucrado en esta corriente de amor entre el Padre y el Hijo. Y cualquier otra autoridad que la Iglesia se haya atribuido y se haya tomado a lo largo de la historia le ha hecho daño, ha negado su verdadera vocación.
La palabra “les ordenó” del versículo 8 es un término muy fuerte, muy pocas veces Cristo lo ha usado.  Los manda de dos en dos para que su testimonio sea creíble (Cfr. Dt 19,15) pero sobre todo porque se trata de dar testimonio de esta corriente de vida como amor entre el Padre y el Hijo. “En esto todos reconocerán que ustedes son mis discípulos: en el amor que se tengan los unos a los otros”. (Jn 13,35).  No existe la misión cristiana como individuo, en soledad, sino como persona, con un yo filial, comunional, entretejido en el Cuerpo de Cristo.
Pueden tomar sólo un bastón para el viaje (Cfr. Mc 6,8) para hacer ver que la misión es una obrar de Dios.  El bastón es el bastón de Moisés, a través del cual se revela la obra de Dios y no del hombre.  Ni alimento, ni alforjas porque así se recoge lo que la gente les da.  Sin ideologías o preceptos religiosos que impidan la acogida de lo que encontrarán en las casas.
Tampoco tiene que tener dinero en la cintura (Cfr. Mc 6,8) y esto es interesante porque para decir dinero se usa una palabra que significa cobre y son solamente esas monedas que llevan los pobres, ningún otro.  Con esto se quiere decir que no han de dar la impresión de ser mendigos, pobres que piden limosna.  Marcos escribe mirando a Roma donde la imagen de los vagabundos era la de esos sin sandalias, gente muy pobre o muy descuidada, que vagaba por todas partes.  Que no los confundan con estos porque no son mendigos por lo tanto no llevar alforja o bolsa es para estar abiertos a recibir lo que les den, pero lleven sandalias porque no son vagabundos.  No llevar dos túnicas (Mc 6,9) que es cosa de los ricos.
Cristo al precisar el modo de ir en misión de alguna manera no los presenta “diversos” sino inmersos en la categoría de la gente más numerosa, común, simple, de aquellos que en un pueblo son los más numerosos.  En este caso, no tener nada significa no tener nada sobre lo cual el apóstol pueda apoyarse y detenerse en el mismo sitio todo el tiempo, para no enorgullecerse diría San Pablo, sin entrar en círculos más importantes como normalmente sucede cuando uno empieza a familiarizarse con un sitio o personas. Cristo quisiera que los apóstoles se hicieran acoger. La misión se apoya por lo tanto en la apertura de la gente, lo que se ve realmente en la acogida.  Nosotros estamos acostumbrados a una misión como una obra de bien y de caridad, que comienza a ofrecer estructuras, llevar consigo un cierto nivel de bienestar.  Aquí Cristo no hace referencia a nada de esto.  Incluso no lo dice, en este contexto donde revela la manera de arrojar los demonios y de sanar enfermos que podría suscitar la gratitud y el sentirse obligado hacia los apóstoles.
Cristo desde el comienzo hasta el fin del evangelio pide acogida y la acogida que promueven los apóstoles hacia quienes confían en ellos y los hospedan es el primer paso para desbloquear lo que en el hombre está bloqueado por el pecado.  Acoger, relacionarse, compartir es el camino para activar en el hombre aquello que puede recibir el anuncio, de otro modo, no sirve.  Acoger quiere decir transformarse en el don recibido (Cfr. Gen 1,12), estar entre la gente sencilla, sin querer aparentar de alguna manera particular a partir del modo de vestirse, etc. Llegar y hacerse coger por la gente.  Esta manera de proceder los apóstoles sólo la entenderán más adelante, en los Hechos de los Apóstoles cuando Pedro y Juan dicen: “No tenemos ni oro ni plata, pero te damos lo que tenemos, en el nombre de Cristo…” (Hech 3,6).
Hasta que nosotros tenemos nuestras cosas en las cuales confiamos no puede aparecer Cristo, hasta que nuestra existencia se basa sobre lo que se tiene y se posee no podemos hacer ver el verdadero fundamento de nuestra existencia que es Cristo. La descristianización fácil de Europa revela que mucha evangelización si basó sobre la obra del hombre, sobre la sabiduría humana y la fe no se basaba sobre el poder de Dios. (Cfr. 1 Cor 2,5).
Por lo tanto, su “orden” de cómo debe cumplirse la misión es para que aparezca aquel que tiene surgir y su vida en nosotros. Se nos ordena también de no forzar las cosas, de no imponerse, de no bajar a los típicos modos de las religiones que terminan haciendo proselitismo de diversas maneras y con distintos modos de proceder, se les dice de irse a otras partes.  Cristo se refiere a una antigua costumbre practicada por los judíos cada vez que regresaban del territorio pagano, es decir, sacudir el polvo de las sandalias.
P. Marko Ivan Rupnik


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